Lejos de la mística y las creencias religiosas, la enseñanza de Confucio se propone como una filosofía
práctica, como un sistema de pensamiento orientado hacia la vida y destinado al perfeccionamiento de
uno mismo.
El objetivo no es la "salvación", sino la sabiduría y el autoconocimiento.
Primer Libro Clásico (Ta-Hio o Gran Ciencia) atribuido al nieto de Kung-Tse y dedicado a los
conocimientos propios de la madurez.
Es preciso conocer el fin hacia el que debemos dirigir nuestras acciones. En cuanto conozcamos la esencia
de todas las cosas, habremos alcanzado el estado de perfección que nos habíamos propuesto.
Desde el hombre más noble al más humilde, todos tienen el deber de mejorar y corregir su propio ser.
¿No sería más eficaz lograr que fueran innecesarios los juicios?, ¿No resultaría más provechoso dirigir
nuestros esfuerzos a la eliminación de las inclinaciones perversas de los hombres? .
Para conseguir que nuestras intenciones sean rectas y sinceras debemos actuar de acuerdo con nuestras
inclinaciones naturales. Cuando nuestro espíritu se haya turbado por cualquier motivo, miramos y no vemos,
escuchamos y no oímos, comemos y no saboreamos.Raras veces los hombres reconocen los defectos de aquellos a quienes aman, y no acostumbran tampoco a valorar las virtudes de aquellos a quienes odian.
Lo que desapruebes de tus superiores, no lo práctiques con tus subordinados, ni lo que desapruebes de tus
subordinados debes practicarlo con tus superiores. Lo que desapruebes de quienes te han precedido no lo
practiques con los que te siguen, y lo que desapruebes de quienes te siguen no lo hagas a los que están
delante de ti.
No dar importancia a lo principal, es decir, al cultivo de la inteligencia y del carácter, y buscar sólo lo
accesorio, es decir, las riquezas, sólo puede dar lugar a la perversión de los sentimientos del pueblo, el
cual también valorara únicamente las riquezas y se entregará sin freno al robo y al saqueo.
Si el príncipe utiliza las rentas públicas para aumentar su riqueza personal, el pueblo imitará este
ejemplo y dará rienda suelta a sus más perversas inclinaciones; si, por el contrario, el príncipe utiliza
las rentas públicas para el bien del pueblo, éste se le mostrará sumiso y se mantendrá en orden.
Si el príncipe o los magistrados promulgan leyes o decretos injustos, el pueblo no los cumplirá y se
opondrá a su ejecución por medios violentos y también injustos. Quienes adquieran riquezas por medios
violentos e injustos del mismo modo las perderán por medios violentos e injustos.
Sólo hay un medio de acrecentar las rentas públicas de un reino: que sean muchos los que produzcan y pocos
los que disipen, que se trabaje mucho y que se gaste con moderación. Si todo el pueblo obra así, las
ganancias serán siempre suficientes.
Segundo Libro Clásico (Chung-Yung o Doctrina del Medio) que trata de las reglas de la conducta
humana, del ejemplo de los buenos monarcas y la justicia de los gobiernos.
La situación en que nos hallamos cuando todavía no se han desarrollado en nuestro ánimo la alegría, el
placer, la cólera o la tristeza, se denomina "centro". En cuanto empiezan a desarrollarse tales pasiones
sin sobrepasar cierto límite, nos hallamos en un estado denominado "armónico" o "equilibrado". El camino
recto del universo es el centro, la armonía es su ley universal y constante.
Cuando el centro y la armonía han alcanzado su máximo grado de perfección, la paz y el orden reinan en el
cielo y en la tierra, y todos los seres alcanzan su total desarrollo.
El hombre noble, cualesquiera que sean las circunstancias en que se encuentre se adapta a ellas con tal de
mantenerse siempre en el centro. En cuanto conseguía una nueva virtud, se apegaba a ella, la perfeccionaba
en su interior y ya no la abandonaba en toda la vida.
El camino recto o norma de conducta moral debemos buscarla en nuestro interior
Quien desea para los demás lo mismo que desearía para sí, y no hace a sus semejantes lo que no quisiera que le hicieran a él, éste posee la rectitud de corazón y cumple la norma de conducta moral que la propia
naturaleza racional impone al hombre.
Existen cinco deberes fundamentales, comunes y tres facultades para practicarlos.
Estos deberes se refieren a las cinco relaciones siguientes: las relaciones que debe existir entre el
príncipe y los súbditos, entre el padre y sus hijos, entre el marido y la esposa, entre los hermanos
mayores y los menores, y entre los amigos. El recto comportamiento en estas cinco relaciones constituye el
principal deber común a todos los hombres.
Si antes de ponernos a hablar determinamos y escogemos previamente las palabras, nuestra conversación no
será vacilante ni ambigua. Si en todos nuestros negocios y empresas determinamos y planeamos previamente
las etapas de nuestra actuación, conseguiremos con facilidad el éxito. Si determinamos con la suficiente
antelación nuestra norma de conducta en esta vida, en ningún momento se verá nuestro espíritu asaltado por
la inquietud. Si conocemos previamente nuestros deberes, nos resultará fácil su cumplimiento.
El que no es fiel y sincero con sus amigos, jamás gozará de la confianza de sus superiores.
El sabio pretende que sus acciones virtuosas pasen desapercibidas a los hombres, pero día por día se
revelan con mayor resplandor; contrariamente, el hombre inferior realiza con ostentación las acciones
virtuosas, pero se desvanecen rápidamente. La conducta del sabio es como el agua: carece de sabor, pero a
todos complace; carece de color, pero es bella y cautivadora; carece de forma, pero se adapta con sencillez y orden a las más variadas figuras.
Tercer Libro Clásico (Lun-Yu o Comentarios filosóficos) también conocido como Analectas que resume de
forma dialogada lo esencial de la doctrina de Kung-Tse.
La cortesía que debe presidir nuestras actuaciones cotidianas se fundamenta principalmente en el
respeto y comprensión hacia todos.
Se puede calificar de " hombre superior " el que primero pone en práctica sus ideas, y después predica a
los demás lo que él ya realiza.
La verdadera ciencia consiste en conocer que se sabe lo que realmente se sabe, y que se ignora lo que en
verdad se ignora. En esto consiste la verdadera sabiduría.
Aprende a escuchar sin descanso para disipar tus dudas; mide tus palabras, para que nada de lo que digas
sea superfluo; sólo de este modo lograrás evitar todo error. Obsérvalo todo, para prevenir los daños que
pudiera ocasionarte una insuficiente información. Controla tus acciones, y así no tendrás que arrepentirte
con frecuencia de ellas. En cuanto hayas conseguido que tus palabras sean normalmente rectas, y no debas
arrepentirte con frecuencia de tus acciones, serás digno del cargo que ocupas.
Conocer lo que es justo y no practicarlo es una cobardía.
Los hombres ambicionan las riquezas y los honores, pero si no es posible obtenerlos por medios honestos y
rectos, deben renunciar a estos bienes. Los hombres huyen de la pobreza y de las injurias, pero, si no
pueden evitarse por caminos honestos y rectos es preciso aceptar estos males.
Los defectos y faltas de los hombres dan a conocer su verdadera valía. Si examinamos con atención las
faltas de un hombre, llegaremos a conocer si su bondad es sincera o fingida.
Observad a los sabios para comprobar si vosotros poseéis sus virtudes. Observad también a los perversos
para meditar en vuestro interior si estáis libres de sus defectos
El que sabe mantener un porte digno aun cuando se halla entre sus amigos, conseguirá que sus más íntimos
amigos sientan un gran respeto hacia él.
Quienes son pródigos en exceso y se entregan al lujo, fácilmente se vuelven orgullosos.
Cuando el hombre se halla cerca de la muerte, sus palabras son sinceras y veraces.
Es posible lograr que el pueblo siga al hombre bueno, pero nunca se le podrá forzar a que le comprenda.
En general los hombres aman más la belleza corporal que la virtud.
¿Qué es la muerte? Si todavía no sabemos lo que es la vida, ¿Cómo puede inquietarnos el conocer la esencia
de la muerte?
El medio más eficaz para combatir nuestros vicios y malas inclinaciones consiste en no combatir los vicios
y malas inclinaciones de los demás antes de haber eliminado los propios.
El hombre vulgar es vano y orgulloso, aun cuando su posición no sea elevada. Se halla muy cerca de la
perfección el hombre que es constante, paciente, humilde y mesurado en el hablar
El que habla en exceso y sin cordura raras veces pone en práctica lo que dice. El hombre noble nunca teme
que sus palabras superen a sus obras.
No debe afligirnos el que los hombres no te conozcan. Lo lamentable es que no seáis dignos de ser conocidos
por los hombres.
La prudencia aconseja no indignarse cuando los hombres nos engañan, no entristecerse cuando son infieles.
El hombre prudente prevé siempre estas eventualidades.
El que de niño no ha respetado a sus hermanos ni a sus padres, en la edad madura no ha hecho nada
provechoso, y al llegar la vejez no ha muerto, es un hombre despreciable.
El hombre que no medita y obra con precipitación, no podrá evitar grandes fracasos.
Los ministros de un príncipe virtuoso deben evitar tres faltas: la petulancia, consistente en hablar cuando
nadie les ha pedido su opinión; la timidez, que consisten no atreverse a expresar su opinión cuando se les
invita a ello; y la imprudencia, que consiste en hablar sin haber observado antes el estado de ánimo del
príncipe.
Sólo los hombres de profunda inteligencia y los necios de mente más obtusa permanecen invariables.
No os avergoncéis de preguntar para resolver vuestro dudas, y meditad las respuestas que os hayan sido
dadas.
Los cuatro vicios relativos al gobierno son los siguientes: no instruir al pueblo y ocultarse la verdad, lo
cual recibe el nombre de " tiranía "; exigir una conducta perfecta a todos los ciudadanos sin informarles
previamente sus obligaciones, lo que recibe el nombre de " opresión "; no tener prisa en dar las órdenes y
pretender luego que se cumplan en el acto, lo que representa una grave “injusticia”; buscar siempre el
propio provecho, lo que recibe el nombre " egoísmo ".
Cuarto Libro Clásico (Meng-Tse o Libro de Mencio) compuesto por su mas destacado seguidor, que vivió
entre los años 371 y 289 a. C.
Si un príncipe se entristece por las desgracias de su pueblo, los súbditos también sentirán pesar por las
tristezas de su príncipe. Si el príncipe se alegra con la felicidad de su pueblo, y hace suyas las
penalidades de sus súbditos, no tendrá dificultad alguna en su gobierno.
La sabiduría y la prudencia de nada sirven si no se presenta una ocasión propicia; los buenos arados nada
pueden por sí solos, si no se presenta una estación favorable.
Quien pretenda someter a los hombres por la fuerza de las armas no alcanzará la sumisión de sus corazones;
por esto, la violencia nunca es suficiente para dominar a los hombres. Quien conquista a los hombres por la
virtud, consigue que todos se sometan a él sin reservas y con corazón alegre.
Cuando el cielo nos envía calamidades, podemos superarlas; cuando las hemos buscado nosotros mismos,
sucumbiremos ante ellas.
Quien no haya sentido nunca compasión hacia los demás no es en verdad un hombre, tampoco puede ser
considerado verdadero hombre quien jamás haya experimentado los sentimientos de vergüenza y aversión; el
que no posea los sentimientos de abnegación y respeto no puede ser considerado verdadero hombre; quien no
distinga lo verdadero de lo falso, lo justo y lo injusto, no es un hombre.
Si los maestros enseñan con claridad los deberes a todos los ciudadanos del reino, estos vivirán entre sí
en concordia y armonía.
En este mundo sólo se pueden seguir dos caminos: el del bien o el del mal; no existe otra posibilidad.
No puede pensarse en ningún mal mayor que en la pérdida del mutuo afecto y cariño entre padres e hijos.
Hay hombres que tienen fama de grandes creadores porque nunca nadie les ha refutado sus endebles
argumentos. Uno de los principales defectos de los hombres consiste en pretender erigirse en modelo de los
demás.
Las palabras en sí mismas son inocuas, pero sus consecuencias pueden ser funestas si son despectivas.
Quien ama a los hombres, es amado por ellos; quien los respeta es, a su vez, respetado. Supongamos que
habiéndose portar con nosotros de una forma descortés o grosera; si somos prudentes, lo primero que debemos
preguntarnos es si con anterioridad hemos cometido alguna descortesía con dicha persona o si hemos sido
injustos con ella; su actitud hacia nosotros debe de tener algún fundamento. Caso de que lleguemos a la
conclusión de que no hemos cometido ninguna injusticia contra tal persona, sino que nos hemos mostrado
siempre con ella bondadoso y corteses, debemos seguir analizando las posibles causas de actitud descortés
o grosera. Si somos prudentes, debemos reflexionar si hemos cometido la menor incorrección en nuestra
conducta. En el supuesto de que tampoco hayamos cometido incorrección alguna, entonces la descortesía o
grosería del ofendido carece totalmente de fundamento y el hombre prudente, ante tal situación, debe
concluir: " este hombre no es más que un extravagante y un necio; en nada se diferencia de una bestia, en
cuyo caso, ¿por qué debe preocuparme la actitud o actos de una bestia? ".
El camino recto es como una ancha avenida; no es difícil encontrarlo cuando se busca, pero los hombres no
se esfuerzan por descubrirlo.
Sólo cuando se han padecido toda clase de privaciones y trabajos, sólo cuando se ha visto el rostro de la
miseria, sólo entonces es posible conocer a fondo la naturaleza humana.
Las mejores palabras son aquellas que encierran un profundo significado y, al mismo tiempo, resultan
comprensibles para todo el mundo.
El mayor defecto de los hombres consiste en preocuparse arrancar la cizaña de los campos ajenos,
descuidando el cultivo de sus propios campos.
El mejor medio para alcanzar las virtudes de la justicia y la equidad consisten en dominar las pasiones.
Quien se deja dominar por las pasiones es muy difícil que obre con justicia y equidad.
Lejos de la mística y las creencias religiosas, la enseñanza de Confucio se propone como una filosofía práctica, como un sistema de pensamiento orientado hacia la vida y destinado al perfeccionamiento de uno mismo.
El objetivo no es la "salvación", sino la sabiduría y el autoconocimiento.
Primer Libro Clásico (Ta-Hio o Gran Ciencia) atribuido al nieto de Kung-Tse y dedicado a los conocimientos propios de la madurez.
Es preciso conocer el fin hacia el que debemos dirigir nuestras acciones. En cuanto conozcamos la esencia de todas las cosas, habremos alcanzado el estado de perfección que nos habíamos propuesto.
Desde el hombre más noble al más humilde, todos tienen el deber de mejorar y corregir su propio ser.
¿No sería más eficaz lograr que fueran innecesarios los juicios?, ¿No resultaría más provechoso dirigir nuestros esfuerzos a la eliminación de las inclinaciones perversas de los hombres? .
Para conseguir que nuestras intenciones sean rectas y sinceras debemos actuar de acuerdo con nuestras inclinaciones naturales. Cuando nuestro espíritu se haya turbado por cualquier motivo, miramos y no vemos, escuchamos y no oímos, comemos y no saboreamos.Raras veces los hombres reconocen los defectos de aquellos a quienes aman, y no acostumbran tampoco a valorar las virtudes de aquellos a quienes odian.
Lo que desapruebes de tus superiores, no lo práctiques con tus subordinados, ni lo que desapruebes de tus subordinados debes practicarlo con tus superiores. Lo que desapruebes de quienes te han precedido no lo practiques con los que te siguen, y lo que desapruebes de quienes te siguen no lo hagas a los que están delante de ti.
No dar importancia a lo principal, es decir, al cultivo de la inteligencia y del carácter, y buscar sólo lo accesorio, es decir, las riquezas, sólo puede dar lugar a la perversión de los sentimientos del pueblo, el cual también valorara únicamente las riquezas y se entregará sin freno al robo y al saqueo.
Si el príncipe utiliza las rentas públicas para aumentar su riqueza personal, el pueblo imitará este ejemplo y dará rienda suelta a sus más perversas inclinaciones; si, por el contrario, el príncipe utiliza las rentas públicas para el bien del pueblo, éste se le mostrará sumiso y se mantendrá en orden. Si el príncipe o los magistrados promulgan leyes o decretos injustos, el pueblo no los cumplirá y se opondrá a su ejecución por medios violentos y también injustos. Quienes adquieran riquezas por medios violentos e injustos del mismo modo las perderán por medios violentos e injustos.
Sólo hay un medio de acrecentar las rentas públicas de un reino: que sean muchos los que produzcan y pocos los que disipen, que se trabaje mucho y que se gaste con moderación. Si todo el pueblo obra así, las ganancias serán siempre suficientes.
Segundo Libro Clásico (Chung-Yung o Doctrina del Medio) que trata de las reglas de la conducta humana, del ejemplo de los buenos monarcas y la justicia de los gobiernos.
La situación en que nos hallamos cuando todavía no se han desarrollado en nuestro ánimo la alegría, el placer, la cólera o la tristeza, se denomina "centro". En cuanto empiezan a desarrollarse tales pasiones sin sobrepasar cierto límite, nos hallamos en un estado denominado "armónico" o "equilibrado". El camino recto del universo es el centro, la armonía es su ley universal y constante.
Cuando el centro y la armonía han alcanzado su máximo grado de perfección, la paz y el orden reinan en el cielo y en la tierra, y todos los seres alcanzan su total desarrollo.
El hombre noble, cualesquiera que sean las circunstancias en que se encuentre se adapta a ellas con tal de mantenerse siempre en el centro. En cuanto conseguía una nueva virtud, se apegaba a ella, la perfeccionaba en su interior y ya no la abandonaba en toda la vida.
El camino recto o norma de conducta moral debemos buscarla en nuestro interior
Quien desea para los demás lo mismo que desearía para sí, y no hace a sus semejantes lo que no quisiera que le hicieran a él, éste posee la rectitud de corazón y cumple la norma de conducta moral que la propia naturaleza racional impone al hombre.
Existen cinco deberes fundamentales, comunes y tres facultades para practicarlos.
Estos deberes se refieren a las cinco relaciones siguientes: las relaciones que debe existir entre el príncipe y los súbditos, entre el padre y sus hijos, entre el marido y la esposa, entre los hermanos mayores y los menores, y entre los amigos. El recto comportamiento en estas cinco relaciones constituye el principal deber común a todos los hombres. Si antes de ponernos a hablar determinamos y escogemos previamente las palabras, nuestra conversación no será vacilante ni ambigua. Si en todos nuestros negocios y empresas determinamos y planeamos previamente las etapas de nuestra actuación, conseguiremos con facilidad el éxito. Si determinamos con la suficiente antelación nuestra norma de conducta en esta vida, en ningún momento se verá nuestro espíritu asaltado por la inquietud. Si conocemos previamente nuestros deberes, nos resultará fácil su cumplimiento.
El que no es fiel y sincero con sus amigos, jamás gozará de la confianza de sus superiores.
El sabio pretende que sus acciones virtuosas pasen desapercibidas a los hombres, pero día por día se revelan con mayor resplandor; contrariamente, el hombre inferior realiza con ostentación las acciones virtuosas, pero se desvanecen rápidamente. La conducta del sabio es como el agua: carece de sabor, pero a todos complace; carece de color, pero es bella y cautivadora; carece de forma, pero se adapta con sencillez y orden a las más variadas figuras.
Tercer Libro Clásico (Lun-Yu o Comentarios filosóficos) también conocido como Analectas que resume de forma dialogada lo esencial de la doctrina de Kung-Tse.
La cortesía que debe presidir nuestras actuaciones cotidianas se fundamenta principalmente en el respeto y comprensión hacia todos.
Se puede calificar de " hombre superior " el que primero pone en práctica sus ideas, y después predica a los demás lo que él ya realiza.
La verdadera ciencia consiste en conocer que se sabe lo que realmente se sabe, y que se ignora lo que en verdad se ignora. En esto consiste la verdadera sabiduría.
Aprende a escuchar sin descanso para disipar tus dudas; mide tus palabras, para que nada de lo que digas sea superfluo; sólo de este modo lograrás evitar todo error. Obsérvalo todo, para prevenir los daños que pudiera ocasionarte una insuficiente información. Controla tus acciones, y así no tendrás que arrepentirte con frecuencia de ellas. En cuanto hayas conseguido que tus palabras sean normalmente rectas, y no debas arrepentirte con frecuencia de tus acciones, serás digno del cargo que ocupas.
Conocer lo que es justo y no practicarlo es una cobardía.
Los hombres ambicionan las riquezas y los honores, pero si no es posible obtenerlos por medios honestos y rectos, deben renunciar a estos bienes. Los hombres huyen de la pobreza y de las injurias, pero, si no pueden evitarse por caminos honestos y rectos es preciso aceptar estos males. Los defectos y faltas de los hombres dan a conocer su verdadera valía. Si examinamos con atención las faltas de un hombre, llegaremos a conocer si su bondad es sincera o fingida. Observad a los sabios para comprobar si vosotros poseéis sus virtudes. Observad también a los perversos para meditar en vuestro interior si estáis libres de sus defectos El que sabe mantener un porte digno aun cuando se halla entre sus amigos, conseguirá que sus más íntimos amigos sientan un gran respeto hacia él.
Quienes son pródigos en exceso y se entregan al lujo, fácilmente se vuelven orgullosos.
Cuando el hombre se halla cerca de la muerte, sus palabras son sinceras y veraces.
Es posible lograr que el pueblo siga al hombre bueno, pero nunca se le podrá forzar a que le comprenda.
En general los hombres aman más la belleza corporal que la virtud.
¿Qué es la muerte? Si todavía no sabemos lo que es la vida, ¿Cómo puede inquietarnos el conocer la esencia de la muerte?
El medio más eficaz para combatir nuestros vicios y malas inclinaciones consiste en no combatir los vicios y malas inclinaciones de los demás antes de haber eliminado los propios.
El hombre vulgar es vano y orgulloso, aun cuando su posición no sea elevada. Se halla muy cerca de la perfección el hombre que es constante, paciente, humilde y mesurado en el hablar
El que habla en exceso y sin cordura raras veces pone en práctica lo que dice. El hombre noble nunca teme que sus palabras superen a sus obras.
No debe afligirnos el que los hombres no te conozcan. Lo lamentable es que no seáis dignos de ser conocidos por los hombres.
La prudencia aconseja no indignarse cuando los hombres nos engañan, no entristecerse cuando son infieles. El hombre prudente prevé siempre estas eventualidades.
El que de niño no ha respetado a sus hermanos ni a sus padres, en la edad madura no ha hecho nada provechoso, y al llegar la vejez no ha muerto, es un hombre despreciable.
El hombre que no medita y obra con precipitación, no podrá evitar grandes fracasos.
Los ministros de un príncipe virtuoso deben evitar tres faltas: la petulancia, consistente en hablar cuando nadie les ha pedido su opinión; la timidez, que consisten no atreverse a expresar su opinión cuando se les invita a ello; y la imprudencia, que consiste en hablar sin haber observado antes el estado de ánimo del príncipe.
Sólo los hombres de profunda inteligencia y los necios de mente más obtusa permanecen invariables.
No os avergoncéis de preguntar para resolver vuestro dudas, y meditad las respuestas que os hayan sido dadas.
Los cuatro vicios relativos al gobierno son los siguientes: no instruir al pueblo y ocultarse la verdad, lo cual recibe el nombre de " tiranía "; exigir una conducta perfecta a todos los ciudadanos sin informarles previamente sus obligaciones, lo que recibe el nombre de " opresión "; no tener prisa en dar las órdenes y pretender luego que se cumplan en el acto, lo que representa una grave “injusticia”; buscar siempre el propio provecho, lo que recibe el nombre " egoísmo ".
Cuarto Libro Clásico (Meng-Tse o Libro de Mencio) compuesto por su mas destacado seguidor, que vivió entre los años 371 y 289 a. C.
Si un príncipe se entristece por las desgracias de su pueblo, los súbditos también sentirán pesar por las tristezas de su príncipe. Si el príncipe se alegra con la felicidad de su pueblo, y hace suyas las penalidades de sus súbditos, no tendrá dificultad alguna en su gobierno.
La sabiduría y la prudencia de nada sirven si no se presenta una ocasión propicia; los buenos arados nada pueden por sí solos, si no se presenta una estación favorable.
Quien pretenda someter a los hombres por la fuerza de las armas no alcanzará la sumisión de sus corazones; por esto, la violencia nunca es suficiente para dominar a los hombres. Quien conquista a los hombres por la virtud, consigue que todos se sometan a él sin reservas y con corazón alegre.
Cuando el cielo nos envía calamidades, podemos superarlas; cuando las hemos buscado nosotros mismos, sucumbiremos ante ellas.
Quien no haya sentido nunca compasión hacia los demás no es en verdad un hombre, tampoco puede ser considerado verdadero hombre quien jamás haya experimentado los sentimientos de vergüenza y aversión; el que no posea los sentimientos de abnegación y respeto no puede ser considerado verdadero hombre; quien no distinga lo verdadero de lo falso, lo justo y lo injusto, no es un hombre.
Si los maestros enseñan con claridad los deberes a todos los ciudadanos del reino, estos vivirán entre sí en concordia y armonía.
En este mundo sólo se pueden seguir dos caminos: el del bien o el del mal; no existe otra posibilidad.
No puede pensarse en ningún mal mayor que en la pérdida del mutuo afecto y cariño entre padres e hijos.
Hay hombres que tienen fama de grandes creadores porque nunca nadie les ha refutado sus endebles argumentos. Uno de los principales defectos de los hombres consiste en pretender erigirse en modelo de los demás.
Las palabras en sí mismas son inocuas, pero sus consecuencias pueden ser funestas si son despectivas.
Quien ama a los hombres, es amado por ellos; quien los respeta es, a su vez, respetado. Supongamos que habiéndose portar con nosotros de una forma descortés o grosera; si somos prudentes, lo primero que debemos preguntarnos es si con anterioridad hemos cometido alguna descortesía con dicha persona o si hemos sido injustos con ella; su actitud hacia nosotros debe de tener algún fundamento. Caso de que lleguemos a la conclusión de que no hemos cometido ninguna injusticia contra tal persona, sino que nos hemos mostrado siempre con ella bondadoso y corteses, debemos seguir analizando las posibles causas de actitud descortés o grosera. Si somos prudentes, debemos reflexionar si hemos cometido la menor incorrección en nuestra conducta. En el supuesto de que tampoco hayamos cometido incorrección alguna, entonces la descortesía o grosería del ofendido carece totalmente de fundamento y el hombre prudente, ante tal situación, debe concluir: " este hombre no es más que un extravagante y un necio; en nada se diferencia de una bestia, en cuyo caso, ¿por qué debe preocuparme la actitud o actos de una bestia? ".
El camino recto es como una ancha avenida; no es difícil encontrarlo cuando se busca, pero los hombres no se esfuerzan por descubrirlo.
Sólo cuando se han padecido toda clase de privaciones y trabajos, sólo cuando se ha visto el rostro de la miseria, sólo entonces es posible conocer a fondo la naturaleza humana.
Las mejores palabras son aquellas que encierran un profundo significado y, al mismo tiempo, resultan comprensibles para todo el mundo.
El mayor defecto de los hombres consiste en preocuparse arrancar la cizaña de los campos ajenos, descuidando el cultivo de sus propios campos.
El mejor medio para alcanzar las virtudes de la justicia y la equidad consisten en dominar las pasiones. Quien se deja dominar por las pasiones es muy difícil que obre con justicia y equidad.